¿Qué disfrutarías si él no viniera?
Piensa en la amiga que quieres ver, la música o la cena. Así la fiesta tiene un sentido más allá de esperar una mirada. Un acompañante puede compartir tus planes; no puede decidir lo que sentirá tu ex.
Quizá quieras darle celos. También puedes elegir algo que te apetezca aunque no reaccione. Decide con quién quieres conversar y a qué hora te gustaría marcharte.
Conocernos antes de entrar
Podemos quedar antes en un lugar público. Una conversación permite saber si estás cómoda y acordar cómo presentarnos. “Él es Cristiano” puede bastar, sin inventar una relación de meses.
Cuéntame si te gusta ir del brazo, prefieres más espacio o te apetece bailar. Esa atención a los detalles puede crear complicidad sin convertir cada gesto en una actuación para otra persona.
La noche sigue siendo tuya
Si ves a tu ex, puedes saludar y volver a tu conversación. No tienes que explicar tu vida. Deja espacio para una pausa, un paseo o irte antes si así lo prefieres.
Escríbeme la ciudad, la fecha y el tipo de evento. Hablaremos de disponibilidad, duración y condiciones antes de confirmar. Empecemos por la noche que te gustaría vivir.